La Empresa Creativa

Humanlab cree en la creatividad. En una forma distinta de hacer las cosas. En la capacidad de sorprender, divertir y sobre todo, de estimular.
Y algunos pensarán pues vaya novedad, otra empresa más con palabras huecas que esconden una estrategia de marketing, demasiado conocida, superada   incluso. Otra vez el mismo discurso sobre la creatividad.
Y es que creer en la creatividad no siempre es fácil, desde luego es gratificante en muchos sentidos, te hace sentir más vivo, más joven más capaz y de te hace afrontar algo desconocido, con la ilusión de quien no tiene nada que perder.

Sin embargo, la creatividad también tiene una reputación dudosa respecto a temas muy corporativos como la eficacia, la planificación o los resultados. Y esto es un problema. Queremos técnicos, gestores y directivos motivados, con capacidad de resolución y orientados a resultados. Pero además queremos que sean intrépidos pensadores y científicos geniales puede que un poco despistados, pero siempre infalibles.

 

Y aquí es donde entra Humanlab para defender la creatividad, no sólo como proceso sino también como fin en sí mismo. No basta con amenizar, teñir o disfrazar los procedimientos para alcanzar un resultado esperado, la clave está en permitir que un nuevo proceso, una nueva mirada, te lleve a un resultado completamente desconocido.

 

La justificación de la creatividad en la empresa es más una cuestión de fondo que de forma. Es una necesidad de un mercado que arroja nuevas estudiantes cualificados, multifuncionales y creativos que no encuentran un espacio para desplegar los trucos y capacidades acumuladas a lo largo de tantos años de estudios de última generación.

 

La persona creativa es muchas veces tachada de inconformista porque se aburre, porque tiene tal necesidad de cambio que antes de dar forma a una idea, ya ha saltado a la siguiente. La creatividad necesita espacio y luz para crecer pero desde la empresa nos empeñamos en poner límites, peros e innumerables especificaciones que reducen el pensamiento divergente a una caricatura del disparate.   Divagando se nos ocurre que a lo mejor la clave es incorporar la creatividad a la empresa como hacen las agencias de publicidad cuyos creativos se dedican a crear y no a ejecutar.  Puede que haya llegado el momento de abrir la empresa  los creativos, no sólo a los diseñadores que nos hacen la web o las tarjetas sino a esas personas que tienen una forma distinta de mirar el mundo, esas personas que están al día de las nuevas tendencias, de los nuevas necesidades, esas personas que en sus ratos libres inventan nuevas formas de negocio con los amigos o regalan conocimiento en blogs.

 

Hasta ahora la empresa ha funcionado como el recipiente de estrategias, esfuerzo, entrega, dedicación y superación de sus empleados. Pero las personas tienen más dimensiones, como la creatividad. Está muy de moda, buscar candidatos proactivos, con iniciativa y gran adaptación el cambio. La gran pregunta es si dentro de las empresas tenemos espacio para ser proactivos, ágiles y soñadores. La mala noticia, es que aún queda mucho por recorrer en esta dirección. La buena, que cada vez somos más (y mejores) los activistas de la creatividad.

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